miércoles, 20 de junio de 2007

¿Vida Facil?

La oscuridad de la esquina cegaba los destellantes ojos de hielo calienteque proponía.

Minifalda, piernas flacas y un bretel caído: ofreciéndose por un puñado de papeles pintados de colores. - Es fácil, -me dijo, y, ante mi asombro por sus palabras, completó casi sonriendo- , abrir las piernas es fácil... lo difícil es cerrarlas; yo sé de lo que hablo, hace mucho que trabajo de esto, - continuó, exclamando un "esto" de desagrado -, hace mucho..., - repitió, y su silencio de reflexión se contorneó al ritmo del meneo de su mirada contra el pavimento - , incluso tuve un hijo, - aclaró, y luego de un instante, suspiró -, ¡lloraba de vergüenza cada vez que le daba la teta!, y eso que me bañaba... me refregaba fuertemente los pezones con jabón, y me ponía cremas, pues no quería que mi hijo se alimentara chupando la misma carne babeada por tantos hombres; me lastimaba.... me dolía verlo, y no podía lograr enternecerme con esa imagen. -

Mientras estuve embarazada, - volvió a continuar - , no me daba cuenta, me pagaban más, y dejé que muchos hombres lo hicieran: humillándome... humillándolo. Hoy sé que debí guardar eso para mi niño,... de eso sí que me arrepiento, pero me pagaban mucho, era muy chica, y no entendía lo que significaba... o mejor dicho, no me interesaba entenderlo.

De niña me usaron, ¡siempre me usaron!, a los seis dormía con mi padrastro y mi madre; el muy hijo de puta a los nueve me rompió el alma, yo creía que todo era un juego... pero las manos... siempre las manos... hasta que me tomó y... fue duro... no tuvo siquiera delicadeza... se me puso encima y, a pesar de mis gritos, continuó, continuó y continuó... sin parar... hasta que se detuvo... ¡y mi mamá dormía a un costado...! - y luego de que su voz se entrecortara de impotencia, continuó - Una noche eran tres: él y dos amigos.... - pero luego de menear la cabeza intentando desanudarse la garganta, decidió no terminar la frase.

- Una vez me enamoré de un buen hombre, que me esperaba en casa todas las noches; pero, ¿cómo se puede estar enamorada de un hombre que sabe que le cogen a la mujer los trescientos sesenta y cinco días del año....?, lo largué a la mierda... eso no es un hombre... hasta se fue llorando el imbecil.

- Varias veces me golpearon, otras me forzaron a hacerlo; creen que porque una trabaja de esto tiene que dejarse en cualquier momento por cualquiera; estuve presa, y hoy, vieja y flaca, bajé el valor de mi cama aceptando cualquier propuesta, incluso, aquellas que con sólo escucharlas me hielan la sangre; pero que hacer.... , tengo que pensar en mi hijo, aunque sólo viene a visitarme cuando necesita dinero, sé que es mi pago por lo que le hice.... pero me duele no haber podido darle nada más.... - y mientras trataba de arreglarse el delineador ya desparramado por aquellos lamentos, volvió su atención hacia mi, preguntando entre cóleras del alcohol:

- ¿Y vos, que querías? - Sólo le pregunté si esta calle conduce al Teatro Colón- le contesté, bajando la mirada. - Si, para allá, a dos cuadras, pero... ¿porque me mirabas así? - me inquirió nuevamente. - Por nada, señora, por nada... - respondí, y continué mi camino.

Ella se quedó en la esquina, balbuceando maldiciones, conversando a solas con su misma alma, y señalando vacíos de lucidez, hasta que se detuvo un automóvil y cinco muchachos la llevaron a continuar su sueño de alcohol ydrogas duras.

Walter Dario Mega (13-05-2003)